Higiene del hogar ¿Cómo es?

Prevenir, para no tener que curar necesariamente. Mejorar la salud de tu hijo y evitar que contraiga infecciones son parte de la vida cotidiana, desde el nacimiento. La higiene doméstica es uno de los pilares de esta prevención.

Los microbios responsables de las infecciones (virus, bacterias, parásitos) se encuentran en todas partes a tu alrededor: en el aire que respiras, en los alimentos que comes, en la ropa, en la piel, en los objetos que tocas y tu hijo disfruta mucho mordiendo.

Encierro, la calefacción, el fumar contaminan el aire de nuestros interiores. El lactante y el niño pequeño son sujetos especialmente frágiles frente a determinados gérmenes que, por tanto, conviene combatir. Para el bienestar de todos, su hogar debe ser mimado y protegido. Para ello, será necesario elegir productos adecuados y adquirir los reflejos adecuados.

Deshacerse de los gérmenes… vigilancia constante, por ello es crucial importancia tener un Ambientador en las palmas para lidiar con cualquier problema.

La higiene del hogar debe ser rigurosa para expulsar bacterias, ácaros y mohos… Es preferible hacer una “gran limpieza” cuando el bebé no está, para evitar que respire todo el polvo. Además, la mayoría de los productos de limpieza son tóxicos y no tiene sentido exponerlos.

La habitación del bebé: su principal espacio vital

La limpieza de la habitación debe mantenerse y controlarse constantemente. No le dé tiempo a los gérmenes para que se escabullen y se multipliquen. Prefiere suelos lavables y resistentes. Así, el suelo se puede lavar con frecuencia, con agua y jabón, sin lejía que, mezclado con el limpiador doméstico, puede provocar la liberación de gases tóxicos. Y luego, yendo a cuatro patas, ¡su hijo rápidamente tendría que meterse con las manos llenas! En todos los casos, es imprescindible enjuagar bien para eliminar el producto de limpieza utilizado.

  • Los trapeadores y aspiradoras son mejores que una escoba. Remueve el polvo que será depositado nuevamente en otra parte.
  • Se deben evitar las alfombras y alfombras, ya que son verdaderos nidos de polvo y, por lo tanto, ácaros del polvo.
  • Su cama debe lavarse todos los días. Un bebé merece que le cambien las sábanas a diario. Cuando crezca un poco, será suficiente un cambio por semana.
  • El colchón puede protegerse con una sábana, agitarse y voltearse a diario.
  • Zapatos, bolsos, etc. Evite colocar sobre su cama objetos que hayan estado en contacto con el suelo.
  • Muchos muebles y chucherías en las habitaciones de los niños requieren un desempolvado diario.
  • Las cortinas y las cortinas dobles se lavarán con regularidad. No olvide las pelusas, los depósitos de polvo reales. Afortunadamente, muchos de ellos se pueden lavar en la lavadora.
  • Los juguetes también pueden transmitir gérmenes, especialmente cuando han sido tocados y chupados por otros niños o, a veces, incluso por el perro o el gato que camina por la casa todo el día. Límpielos con agua jabonosa y enjuáguelos bien antes de secarlos con un paño limpio.

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