5 pueblos de Colombia donde retirarse a vivir

Las grandes ciudades de Colombia como Bogotá, Medellín, Calí, Barranquilla o Cartagena de Indias ofrecen todo tipo de comodidades, rincones con encanto, ocio y actividad que las hacen idóneas para el trabajo o labrarse un provenir, pero también debido a sus cualidades como motores económicos y como principales ejes de la actividad empresarial e industrial de Colombia, se caracterizan por un ritmo de vida acelerado que apenas deja lugar para el descanso y el reposo total.

Tanto si es orgulloso habitante de alguna de estas metrópolis (que no por activas dejan de ser ricas en encanto) como si busca lugares acogedores en Colombia donde retirarse a una vida pausada sin por ello renunciar a las comodidades y servicios propios de la gran ciudad, le traemos cinco pueblos llenos de encantos culturales y naturales que sirven de respiro para retirarse de estos núcleos de población.

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Las Acacías, patrimonio de Bogotá

Bogotá tiene a 126 kilómetros de distancia un auténtico tesoro cultural: las Acacías. Un pueblo de apenas 71.000 habitantes a los pies de la Cordillera Oriental que es muestra viva de la más reciente historia del país.

Con apenas 100 años de existencia (se fundó en 1920), constituye un núcleo donde la actividad agrícola y pecuaria está muy presente sin prescindir de servicios básicos como el financiero, la sanidad, educación y la cultura. Todo desde la perspectiva que da el encanto de ser un pueblo surgido plenamente a partir de los recursos naturales huyendo del bullicio de la gran ciudad y que no olvida sus raíces.

Rionegro: el hermano privilegiado de Medellín

Las fincas en Rionegro son un auténtico reclamo para convertir este privilegiado rincón de las afueras de Medellín en un retiro dorado donde se respira paz y calma en cada rincón. A diferencia de otros pueblos que se nombran en este listado, Rionegro no necesita de la infraestructura propia de una gran ciudad. Pese a ser un pueblo de apenas 120.000 habitantes, dispone de centros comerciales, hospitales, centros universitarios e incluso un aeropuerto internacional, todo ello enmarcado en un entorno natural sin comparación donde el verde está siempre presente.

Sin duda, retirarse a vivir a Rionegro significa olvidar el estrés sin renunciar a la comodidad.

Palmira: capital agrícola a los pies de Calí

Palmira es un excelente ejemplo si desea un cambio de aires sin perder la conexión con la comodidad de la gran ciudad. A tan sólo 26 kilómetros de la capital del Valle del Cauca, Palmira dispone de exactamente las mismas comodidades que podemos encontrar en Calí pero rodeada de un ambiente más rural que también queda patente en el carácter de sus gentes.

A su maravillosa catedral, se suma como uno de los encantos de este municipio el sendero Agroecológico Los Bolos, reserva natural donde aunar la práctica del deporte con la ecología.

Malambo. El respiro de Barranquilla

Malambo es el lugar perfecto para aquellos que ansían la calma pero no quieren perder lazos con Barranquilla, una ciudad que tiene como balcón al Atlántico todo un privilegio de localización.

Situado a tan sólo 12 kilómetros, le son suficientes para rodearse de la calma y el sosiego que proporciona la ribera del río Magdalena y el huir de los principales focos turísticos de la zona.

Arjona. Las raíces de Cartagena

Cartagena de Indias de por sí ya es un privilegio para el retiro, pero al igual que es denominador común en este artículo, puede jugarle en contra su pulso turístico y su capacidad de atracción a la hora de proporcionar descanso a quienes quieran en la zona reposar alejados del estrés.

Para ello, el municipio de Arjona ofrece la paz necesaria que proporciona mirar hacia el interior sin perder la privilegiada situación de emplazamiento caribeño. Teniendo en todo momento al alcance de la mano los mayores reclamos turísticos sin sufrir su masificación en el día a día.

 

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